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Psicología Presencial y a distancia Madrid

El cuidador/a principal es aquella persona que asume o en el que recae el cuidado de la persona enferma. Esta va asumiendo poco a poco más responsabilidades y tareas hasta dedicar prácticamente todo el día en su cuidado. Esta sobrecarga que tienen los familiares-cuidadores afectará a la capacidad de cuidar al enfermo. Si está estresado, depresivo, irritado y no tiene las estrategias y habilidades para gestionarlo, serán volcadas en el enfermo aumentando con ello el estrés emocional.

La persona que se haga cargo del acompañamiento del enfermo/a, necesita de apoyo social, de familia, amigos e instituciones de la salud. Es importante que el cuidador/a busque espacios que le sirvan de descarga y que mantenga relaciones sociales, también puede encontrar nuevas amistades que irán surgiendo a lo largo del proceso de la enfermedad, quizás otras personas que estén pasando por lo mismo. Igualmente es importante que el cuidador/a se cuide, reconozca y respete sus propias necesidades y límites, que busque ayuda, que descanse sin sentirse culpable (cree que abandona el cuidado del enfermo). Si son varias personas las que se encargan de  cuidar es fundamental hablar, dialogar, llegar a un acuerdo y ver qué puede o qué quiere hacer cada uno de ellos, de tal manera que haya un autocuidado. Cada miembro de la familia aportará desde el lugar donde se encuentra, teniendo en cuenta que también influye la relación que cada miembro de la familia tenga con el/la paciente. Es recomendable que los cuidadores realicen todo aquello que les haga sentir bien como pasear, escuchar música, leer, bailar, tomar un café con un amigo, etc. Buscando ayuda externa o una persona de confianza donde expresar lo que está sintiendo. Si el cuidador/a no se cuida por dentro y por fuera, acabará afectando a su propia salud y en el cuidado del enfermo/a.

Aspectos importantes para el autocuidado:

  • Lo primero es reconocer y darse cuenta que necesita ayuda. Tomar conciencia del desbordamiento emocional o la sobrecarga que lleva acumulada. Ser consciente de sus propias limitaciones. En este aspecto suele aparecer el sentimiento de culpa “¡¿Cómo me voy a tomar la tarde libre con lo mal que está mi madre?!”, “¡No la puedo dejar sola!” (aunque en el hospital esté muy bien atendida).
  • Pedir información que sea correcta y clara sobre los aspectos médicos, como la evolución de la enfermedad, tratamientos, los efectos secundarios y la medicación. Y sobre otros temas como la alimentación y las curas. Todas aquellas cosas que aumenten la sensación de control y eficacia.
  • Apoyar la independencia del enfermo. No hacerlo todo por él, permitir que se ocupe de lo que está dentro de sus posibilidades. Poner límites a las demandas excesivas y aprender a decir no sin sentir culpa.
  • No sentirse indispensable. Es necesario delegar tareas.
  • Cuidar la alimentación y las horas de sueño. Hacer ejercicio físico y practicar técnicas de relajación.
  • No olvidarse de sí mismo/a.
  • Mantener el contacto con amistades y familiares, el aislamiento no es un buen aliado para el cuidador/a.
  • Permitirse un espacio de tiempo al cabo del día o de la semana. Darse un espacio lejos del enfermo/a.
  • Buscar un clima donde expresar abiertamente las frustraciones, miedos o resentimientos.
  • Mirar la situación de cuidado como una oportunidad para restaurar, reparar o sanar asuntos pendientes con el enfermo/a.
  • No luchar en contra de lo que sientes, aceptar que las emociones que surgen son normales y legítimas, que cada uno necesita su tiempo y tiene su ritmo para aceptar y adaptarse a lo nuevo.
  • Aceptar que como cuidadores/as y familiares no podemos salvar a nuestro ser querido solo amarlo, ayudarlo y acompañarlo en su proceso de enfermedad.
  • Planificar las actividades de la semana y del día. Establecer prioridades de tareas, diferenciando lo urgente de lo importante.
  • Buscar apoyos Centros de Día, personal de asistencia domiciliaria, apoyo psicológico, ayudas económicas, apoyo familiar y de amigos.

Es una buena lista y teóricamente suena bien pero ¿Por qué cuesta tanto llevarla a cabo?

Después de las conversaciones con familiares-acompañantes, en salas de espera, habitaciones del hospital y en las entrevistas, me he dado cuenta de que este autocuidado -en la mayoría de los casos- no es llevado a cabo, se da más bien un olvido de sí. No llega a darse una conciencia plena de las necesidades propias, quizás sea por la confluencia con el enfermo, la dificultad de ver donde acaba el límite de uno y donde empieza el del otro, o quizás sea por un sentimiento de culpa tan fuerte que uno no puede permitirse el descanso, el delegar, el poner límites.

La crítica y el juicio de la familia, incluso de los amigos, también tienen su peso en todo esto, “¿Qué pensarán de mi si me ven cenar por ahí y mi padre en el hospital?”. Sin olvidar que los introyectos también hacen lo suyo: “Soy un buen hijo”, “no puedo decirle a nadie que pase las noches con él, lo hago yo”, “yo puedo con todo”. Hay una queja continua de quien se siente agotado pero no hace nada para reponerse y coger fuerzas, y también aparece la postura de ser imprescindible: “Si yo no estoy las cosas no se hacen bien”.

Con lo cual, después de un tiempo de estrés y sobrecarga el familiar está saturado con la situación.

Bibliografía

  • Alfaro O., Morales T., Vázquez F., Sánchez S., Ramos B., Guevara U. (2008) Sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores primarios de pacientes con dolor crónico y terminales. Revista Medicina Instituto Mexicano. Núm. 46, pp.94-485.
  • Blanco, L., Librada, S. y Rocafort, J. (2007). Perfil del cuidador principal del enfermo en situación terminal y análisis del riesgo de desarrollar duelo patológico. Medicina Paliativa, 14(3), 164-168

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